Mi Comunión Con YHWH Es Un Principio De Sintonía

Las emociones tienen vibraciones: 

Emociones de Vibraciones altas  

Emociones de vibraciones bajas

Mi comunión con YHWH es un principio de sintonía
(Energía – Frecuencia – Vibración en el diseño trino: Espíritu, alma y cuerpo)

La revelación de Dios no siempre irrumpe con fuerza estruendosa; muchas veces llega como un susurro que solo el espíritu sensible puede oír. Esta reflexión nace precisamente de uno de esos momentos de comunión íntima, donde el Creador me reveló con claridad que Su naturaleza se manifiesta en energía, frecuencia y vibración. Esta afirmación, lejos de ser una propuesta esotérica o una corriente de pensamiento moderno, es una verdad profundamente bíblica y coherente con los principios fundamentales de la ciencia.

Desde el principio, la Escritura nos presenta a un Dios que crea mediante Su voz: “Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz” (Génesis 1:3). La palabra hablada de Dios no solo lleva contenido, sino que porta energía creadora, frecuencia divina y una vibración que ordena el caos. El universo entero, como nos enseña el salmista, fue formado por Su palabra y existe por el aliento de Su boca (Salmo 33:6). En otras palabras, lo visible nació de lo invisible, sustentado por una fuerza energética que emana del corazón del Creador (Hebreos 11:3).

El científico Nikola Tesla, sin referirse directamente a la Biblia, llegó a decir: “Si quieres encontrar los secretos del universo, piensa en términos de energía, frecuencia y vibración”. Aunque su contexto era físico, este principio armoniza sorprendentemente con la perspectiva espiritual. Todo lo creado vibra, emite sonido, frecuencia y movimiento. Así como el universo físico está lleno de partículas que se mueven y oscilan, el universo espiritual está cargado de la vibración de la gloria de Dios.

El ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios, y su diseño trino –espíritu, alma y cuerpo (1 Tesalonicenses 5:23)– funciona también en términos de energía. El espíritu es la dimensión de comunión con Dios, el alma es la sede de nuestras emociones, pensamientos y decisiones, y el cuerpo es el vehículo físico de esa energía espiritual. Cuando estas tres áreas están en armonía, se produce una sintonía integral que permite al individuo manifestar salud, paz, claridad y propósito. Pero cuando hay desconexión o desequilibrio, surgen la enfermedad, el desorden emocional y la pérdida de dirección.

La ciencia moderna confirma que nuestro cuerpo genera energía medible. El cerebro produce ondas eléctricas que se registran mediante electroencefalogramas, y el corazón emite señales eléctricas que pueden medirse a través de electrocardiogramas. Cuando estas ondas dejan de emitirse, se considera clínicamente que ha cesado la vida. Además, las emociones influyen directamente en la vibración energética de nuestro cuerpo: emociones como el amor, la gratitud y la compasión generan ondas armónicas y coherentes; mientras que el odio, el miedo y la culpa producen desequilibrio y caos interno. Curiosamente, estas observaciones científicas coinciden con las instrucciones bíblicas para vivir según el Espíritu.

Pablo enseña en Gálatas 5:22-23 que el fruto del Espíritu incluye amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio propio. Estas cualidades no solo elevan el estado espiritual del creyente, sino que también fortalecen el cuerpo y estabilizan el alma. En contraste, las obras de la carne —como los celos, iras, enemistades, fornicación y hechicería (Gálatas 5:19-21)— bajan la frecuencia espiritual, abren puertas a la opresión y generan enfermedad y destrucción en todo el ser.

Dios nos diseñó para vibrar en comunión con Él. Cuando vivimos conectados al Espíritu Santo, nuestras palabras, emociones, pensamientos y acciones se alinean con el ritmo del cielo. Jesús mismo declaró: “Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida” (Juan 6:63). Su enseñanza no era simplemente moral; era energética. Su Palabra producía vida en los cuerpos enfermos, paz en las almas turbadas y liberación en los oprimidos.

Lamentablemente, a lo largo de la historia, muchas de estas verdades fueron distorsionadas o arrebatadas. El entendimiento integral del ser humano —como espíritu, alma y cuerpo— fue relegado o fragmentado. Conceptos como vibración, energía o frecuencia fueron tildados de místicos o ajenos a la fe cristiana, cuando en realidad forman parte del diseño original del Creador. Hoy, sin embargo, Dios está restaurando estos principios a Su pueblo. Como lo prometió en Joel 2:25: “Y os restituiré los años que comió la oruga, el saltón, el revoltón y la langosta…”. Y también en Zacarías 9:12: “Volved a la fortaleza, oh prisioneros de esperanza; hoy también os anuncio que os restauraré el doble”.

El salmo 148 hace un llamado a toda la creación para alabar a YHWH: desde los cielos y las estrellas hasta los árboles y las bestias, todos fueron diseñados para emitir alabanza. Esta alabanza no se limita al canto consciente, sino que cada ser emite una vibración de existencia en armonía con su propósito. Aun las piedras, según Jesús, podrían clamar si los hombres callaran (Lucas 19:40), porque todo en la creación vibra con la energía que proviene del Creador.

En este tiempo, el Espíritu Santo nos está guiando a volver a sintonizar con la frecuencia del cielo. Este no es un llamado a practicar técnicas humanas de elevación energética, sino a redescubrir el poder de la adoración verdadera, de la oración sincera, de la meditación en la Palabra viva. Jesús dijo que el Padre busca adoradores que lo adoren “en espíritu y en verdad” (Juan 4:24), es decir, que vibren con Él, que estén en frecuencia con Su naturaleza.

Por eso, hoy más que nunca, debemos comprender que nuestra comunión con YHWH no es solo un acto espiritual, sino un principio de sintonía. No fuimos creados para vivir fraccionados ni en modo automático, sino para reflejar la plenitud de Su gloria en cada aspecto de nuestro ser.

Declaro entonces con convicción: mi comunión con YHWH es un principio de sintonía. Me alinearé con Su energía, vibraré con Su verdad, y caminaré en Su frecuencia. Porque en Él vivimos, nos movemos y existimos (Hechos 17:28). Y cuando todo mi ser —espíritu, alma y cuerpo— esté en armonía con Su diseño, viviré en plenitud, salud y propósito eterno.

Blog, Abril 2025 realizado por :

Marisol Gomez de Vergara

Psicóloga, Psicoterapeuta, Coach Cristiano en restauración relaciones y sanidad interior. Pastora

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